Y ahora también en las redes sociales

Es cierto que todavía quedan profesionales y empresas que desarrollan su actividad sin ningún tipo de presencia en Internet, tan cierto como que nos parecen de otro mundo o de un pasado ya muy lejano.

Cuando las empresas empezaron a saltar a la Red, se solía decir que había que «estar en Internet». Llevamos más de una década avisando de que en la máxima del renovarse o morir es necesario que una empresa desarrolle su presencia en Internet. Al aumentar la competencia tuvimos que trabajar para «estar en Google», y más aún: en la primera página. Era la única forma de ser visibles en Internet o, al menos, así es percibido por los clientes.

Una vez más, pasamos ciclo. Las redes sociales, nacidas hace pocos años, crecieron y ahora ocupan una importante fracción del tiempo que los internautas dedicamos a navegar. Decíamos que había que estar en la web, en Google, y ahora también en las redes sociales, porque es ahí donde tus clientes pasan la mayor parte del tiempo.

Para ilustrarlo nos encontramos con centenares de infografías, sin embargo ahora nos quedamos con algunos datos absolutos:

– Facebook alcanzó a mediadios de 2009 los 250 millones de usuarios. Un año después los duplicó llegando al hito de 500 millones de usuarios (más de 10 veces la población española).

– Es la red social más utilizada en Europa, Norteamérica, y buena parte del resto del mundo.

– El perfil de usuario de redes sociales es mayoritariamente joven, pero puedes encontrar usuarios de todas las edades, y la mayoría de mediana edad, no necesariamente adolescente.

– El uso de las redes desde tecnologías móviles abre un nuevo campo de interacción y diálogo con usuarios en el que ya no sólo vale “anunciarse” o “estar”: debes gestionar tu comunidad, estar presente de una forma humana.

Son sólo algunos datos, pero resultan convincentes: no estar en la web, no estar en buscadores y no estar en redes sociales supone perder una oportunidad de mercado esencial (más aún en la coyuntura económica actual) y peor aún: supone no estar preparado, aguardando, para aprovechar los próximos pasos que dé el mercado, quedando definitivamente descolgados respecto a la competencia.